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miércoles, 7 de enero de 2026

¿Cuáles eran las causas y móviles que yacían detrás de la revolución iraní de 1979?; Partido del Trabajo de Irán, 1985

Manifestantes anti-sha corren en la plaza Esfand después de que el ejército abrió fuego en Teherán - 27 de diciembre de 1978

«La revolución de 1979 fue el acontecimiento histórico más importante de nuestro país que acabó con el dominio de 2.500 años de Monarquía y la hegemonía del imperialismo sobre Irán. Esta grandiosa revolución se llevó a cabo como resultado de las implacables luchas y valor sin precedentes de millones de personas con la clase obrera a la cabeza, y a lo largo de un año de heroica lucha que se ganó la admiración y apoyo de los pueblos del mundo entero.

¿Cuales eran las causas y móviles que yacían detrás de la revolución iraní de 1979?

Sin lugar a dudas, no puede aceptarse el Islam como la causa de la revolución como lo reclama Jomeini (1).

Aunque el movimiento tuvo apariencias religiosas, el pueblo no hizo la revolución por el Islam. Las contradicciones objetivas de la sociedad fueron las causas principales de la revolución. Nuestra sociedad estaba sufriendo de dos contradicciones fundamentales y eran estas las principales causas de la opresión en Irán. Estas eran:

a) Residuos de feudalismo y atraso.

b) El imperialismo y el capitalismo dependiente.

Aunque Irán había comenzado el camino capitalista hacía ya tiempo, sin embargo nunca consiguió librarse de todas las viejas y corrompidas relaciones sociales.

La revolución democrática de 1906 (2) y los movimientos posteriores fueron todos ellos intentos para acabar con estas relaciones pero ninguno de ellos consiguió su objetivo. La reforma agraria del Sha, que tuvo lugar siguiendo las órdenes del Gobierno norteamericano –el Gobierno de Kennedy– en 1962 con el fin de reducir las contradicciones sociales, no acabó con el problema agrario en Irán y la tierra permaneció como una de las demandas más importantes de los campesinos. La política agrícola del Sha y la política de hacerse más y más dependiente del imperialismo, empobreció aún más a los campesinos, obligándoles a emigrar las ciudades. En un corto período de tiempo, la proporción de población rural en comparación con la población urbana descendió a un 55 por 100 en 1977 en comparación con un 85 por 100 en 1963. Una serie de aldeas se arruinaron completamente y sus habitantes marcharon a las ciudades en busca de empleo. De otro lado y como resultado del saqueo imperialista, la pobreza de las masas trabajadoras, especialmente la clase obrera, aumentó aún más. 

Nuestros recursos naturales, especialmente el petróleo, la minería y la pesca fueron ferozmente saqueados y las ganancias del país entregadas a los EE.UU. en concepto de pago por la entrega de armamento o saqueado por la llamada «familia de los mil» –familiares y asociados a la familia real–. 

Señalaremos como datos recogidos de cifras oficiales:

1. Los contratos militares entre Irán y EE.UU. realizados directamente con el Ministerio de Defensa estadounidense en el transcurso de once años (1968-79) ascendieron a 23 billones de dólares –debe tomarse en cuenta que se establecieron otros contratos militares con Gran Bretaña, Francia, la URSS, Italia, creando así la «colonización colectiva» de Irán–.

2. Según cifras facilitadas por funcionarios del Banco Central de Irán, en el transcurso de la revolución de febrero, 144 destacados capitalistas transfirieron 2,4 billones de dólares –una quinta parte de los ingresos totales de Irán en petróleo– a bancos en EE.UU., Suiza, Francia, Israel, etc., –una vez más hay que resaltar que la cifra mencionada fue transferida únicamente a través del Banco Central de Irán. Billones de dólares fueron transferidos a través de bancos y filiales iraníes en Inglaterra, Japón, Holanda, etc., o fueron sacados directamente del país–.

miércoles, 26 de mayo de 2021

Tanto el abatimiento como la histeria revelan una psicología inservible


«Es la lógica de los intelectuales exaltados e histéricos, incapaces de realizar una labor persistente y tenaz y que no saben aplicar los principios fundamentales de la teoría y la táctica a las circunstancias que han cambiado, no saben efectuar una labor de propaganda, agitación y organización en condiciones que se diferencian mucho de las que hemos vivido hace poco. En vez de centrar todos los esfuerzos en la lucha contra la desorganización filistea, que penetra tanto en las clases altas como en las bajas; en lugar de unir más estrechamente las fuerzas dispersas del partido para defender los principios revolucionarios probados; en lugar de eso, gente desequilibrada, que carece de todo sostén de clase en las masas, arroja por la borda todo lo que aprendió y proclama la «revisión», es decir, el retorno a los trastos viejos, a los métodos artesanales en la labor revolucionaria, a la actividad dispersa de pequeños cenáculos. Ningún heroísmo de estos grupitos e individuos en la lucha terrorista podrá cambiar nada en el hecho de que su actividad como miembros del partido es una expresión de disgregación. Tiene extraordinaria importancia comprender la verdad –confirmada por la experiencia de todos los países que han sufrido las derrotas de la revolución– de que tanto el abatimiento del oportunista como la desesperación del terrorista revelan la misma mentalidad, la misma particularidad de clase, por ejemplo, de la pequeña burguesía. «Todos coinciden en que es vano esperar una insurrección armada en un futuro más o menos próximo». Medítese sobre esta frase categórica y estereotipada. Por lo visto, esa gente jamás se ha parado a pensar en las condiciones objetivas que originan primero una amplia crisis política y después, al agravarse esa crisis, la guerra civil. Esa gente aprendió de memoria la «consigna» de la insurrección armada, sin comprender su significado ni las condiciones en que puede ser aplicada. Por eso reniega con tanta facilidad, ante los primeros reveses de la revolución, de las consignas adoptadas sin reflexionar, a ciegas. Pero si esa gente apreciase el marxismo como la única teoría revolucionaria del siglo XX, si aprendiese de la historia del movimiento revolucionario ruso, percibiría la diferencia que existe entre la fraseología y el desarrollo de las consignas verdaderamente revolucionarias. (...) La situación en Rusia es tal que ningún socialista más o menos reflexivo se atreverá a hacer profecías. (...) La tarea de los socialdemócratas consiste en lograr que las masas lleguen a comprender con claridad esa base económica de la crisis en gestación y en forjar una seria organización de partido, capaz de ayudar al pueblo a asimilar las valiosas enseñanzas de la revolución y de dirigirla en la lucha cuando las fuerzas, hoy en proceso de maduración, estén listas para una nueva «campaña» revolucionaria. Esta respuesta parecerá sin duda «vaga» a quienes encaran las «consignas» no como deducción práctica de un análisis clasista y habida cuenta de determinado momento histórico, sino como talismán dado de una vez para siempre a un partido o a una tendencia. Esas personas no entienden que la incapacidad para ajustar su táctica a distintas situaciones por completo claras o todavía indefinidas, se debe a la falta de educación política y a la estrechez de horizontes». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Algunos rasgos de la disgregación actual, 1908)

jueves, 5 de marzo de 2020

De la aplicación del internacionalismo a la reconciliación con el revisionismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


[Nota: Recomendamos la lectura de este capítulo en conexión con el capítulo: «Elena Ódena sobre el falso internacionalismo de los oportunistas alemanes Koch y Eggers» de 2020.]

«Solo hay un internacionalismo proletario verdadero: consiste en trabajar con abnegación por el desarrollo del movimiento revolucionario y de la lucha revolucionaria en el propio país y apoyar –con la propaganda, la simpatía y la ayuda material– esta misma lucha, esta misma línea y sólo ella en todos los países sin excepción». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Las tareas del proletariado en nuestra revolución, 10 abril de 1917)

¿Por qué el internacionalismo proletario?

En el IIº Congreso del Partido Comunista de España (marxista-leninista) de 1977, en un tono combativo se dice:

«Si decimos que nuestra lucha no se puede en ningún caso ver desligada del contexto histórico mundial en el que vivimos, entonces, cae por su propio peso que no podemos permanecer indiferentes a lo que sucede en otros países, y menos aún, a cómo avanzan y se fortalecen nuestros partidos hermanos y las posiciones que toman algunos que, llamándose marxista-leninistas, están cayendo de forma clara y descarada en un oportunismo que no es más que la continuación, con otras formas y con otra terminología, pero idéntica esencia, del revisionismo jruschoviano que tuvimos que combatir en los años sesenta. (…) Nuestras relaciones, entrevistas y discusiones con otros partidos y fuerzas marxista-leninistas, fueran en base a la aplicación consecuente y concreta del internacionalismo proletario, el cual es un principio inalienable del marxismo-leninismo. Jamás hemos consentido salimos de este principio que es esencial y que ningún partido auténticamente marxista-leninista puede relegar, abandonar o descuidar. Ahora bien, debemos distinguir entre los partidos y fuerzas que consideran el internacionalismo proletario de una forma activa, que lo aplican y lo defienden, de aquellos que hablan mucho de internacionalismo, pero todo se queda en eso, en verborrea, en fraseología hueca. (...) Por ello, hemos trazado una línea de acción que, en esencia, es la siguiente: 1) Unirnos estrechamente con los partidos que mantienen posiciones consecuentemente marxista-leninistas y, sobre la base de los principios, defenderlos contra los ataques de los oportunistas. 2) Elaborar tácticas concretas para profundizar las discusiones con los que vacilan, con los que todavía no tienen las cosas claras. Es de rigor la prudencia en estos casos, pero sin perder de vista que un exceso de prudencia cuando se plantean cuestiones de principios, puede llevar al oportunismo, o, como dicen los camaradas albaneses, puede cambiar el vino tinto en aguado. Trabajar con paciencia hacia ellos y procurar atraerlos a posiciones correctas, pero sobre la base de afirmar claramente nuestros principios. 3) Golpear, desenmascarar y combatir a los renegados del marxismo-leninismo, a los que ya son claramente revisionistas de nuevo cuño». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

En el IVº Congreso del PCE (m-l) de 1984 se diría:

martes, 25 de febrero de 2020

Afirmar que la autodeterminación es superflua bajo el socialismo, es tan absurdo y confuso como decir que la democracia es superflua bajo el socialismo



«No se puede ser demócrata y socialista sin exigir de inmediato la plena libertad de divorcio, pues la ausencia de tal libertad es una opresión adicional del sexo oprimido, aunque no es difícil comprender que el reconocimiento de la libertad de dejar al marido ¡no es una invitación a que lo hagan todas las esposas! (...) Cuanto más aplia sea la libertad de divorcio, tanto más claro será para la mujer que la fuente de su «esclavitud doméstica» es el capitalismo y no la falta de derechos. Cuanto más amplia sea la igualdad de derechos de las naciones –que no es completa sin la libertad de separación–, tanto más claro será para los obreros de las naciones oprimidas que la causa de su opresión es el capitalismo y no la falta de derechos, etc. (...) Debe repetirse una y otra vez: es molesto machacar el abecé del marxismo, pero, ¿qué podemos hacer si P. Kíevski no lo conoce? (...) En el fondo sólo queda en pie un argumento: ¡la revolución socialista lo resolverá todo! O el argumento que suelen esgrimir quienes comparten sus puntos de vista: la autodeterminación es imposible bajo el imperialismo y está demás en el socialismo. Desde el punto de vista teórico este criterio es absurdo; desde el punto de vista práctico y político es chovinista. No valora la significación de la democracia. Pues el socialismo es imposible sin democracia, porque: (1) el proletariado no puede llevar a cabo la revolución socialista si no se prepara para ella luchando por la democracia; (2) el socialismo triunfante no puede consolidar su victoria y llevar a la humanidad a la extinción del Estado, sin la realización de una democracia completa. Decir que la autodeterminación es superflua bajo el socialismo, es tan absurdo y tan irremediablemente confuso como decir que la democracia es superflua bajo el socialismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Una caricatura del marxismo y el «economicismo imperialista», 1916)

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lunes, 3 de febrero de 2020

El perfil del militante medio, el trabajo con las distintas capas de la población y la forma de reclutamiento en el PCE (m-l); Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«La composición del partido, la forma de reclutar y el trabajo diario con las masas, son cuestiones muy importantes, que además tienen su incidencia e influyen en otros aspectos como puede ser las alianzas a contraer.

Si ya hemos visto que el PCE (m-l) jamás logró arrebatar al revisionismo carrillista de CCOO ni al socialdemocratismo felipista de UGT el papel predominante, no pudo lograr la hegemonía entre el sindicalismo obrero. Pero no era el único problema al que se enfrentó.

Uno de los mayores problemas a los que tuvo el PCE (m-l) fue el contenido en sí de su militancia.

Cuando el partido comenzó a desarrollarse, más que eco entre la clase obrera, tuvo una influencia reseñable entre la juventud como recogían los servicios secretos franquistas:

«Como ya queda dicho, el PCE (m-l) se ha extendido especialmente en el ámbito estudiantil y algo en el laboral, teniendo su mejor acogida entre la juventud por su radicalismo». (Informe del SECED Sobre el Partido Comunista de España (marxista-leninista), Grupos subversivos, julio de 1974)

Como era normal, esto hacía derivar en fenómenos como los que se relatan:

«Los militantes del PCE (m-l) y de sus organizaciones han dado frecuentes pruebas de falta de formación ideológica, de indisciplina y de desorganización, especialmente entre los elementos jóvenes con espíritu rebelde y deseosos de violencia, componente de muchos comandos ejecutados en contra de la disciplina del partido». (Informe del SECED Sobre el Partido Comunista de España (marxista-leninista), Grupos subversivos, julio de 1974)

Años después se señalaría desde el PCE (m-l) sobre el tema de la juventud en pleno inicio de la década de los 80:

domingo, 15 de diciembre de 2019

Lenin en relación a las premisas de una insurrección victoriosa...


«Un complot militar pertenece al blanquismo puro si no está organizado por el partido de una clase determinada; si sus organizadores no han apreciado justamente el momento político en general y la situación internacional en particular; si no cuentan con la simpatía –demostrada con hechos– de la mayoría del pueblo; si el curso de la revolución no ha destruido las ilusiones y las esperanzas de la pequeña burguesía en cuanto a la posibilidad y a la eficacia del acuerdo entre las clases; si los organizadores del complot no han conquistado la mayoría, en el seno de los órganos de la lucha revolucionaria, «provistos de plenos poderes» o, al igual que los Soviets, con un lugar importante en la vida de la nación; si no hay en el ejército –en tiempos de guerra– una determinada hostilidad frente al gobierno que prolonga una guerra injusta, contra la voluntad del pueblo; si las consignas de la insurrección –«Todo el poder para los Soviets», «La tierra para los campesinos», «Propuesta inmediata a todos los Estados beligerantes de una paz democrática», «Anulación inmediata de los tratados secretos», «Abolición de la diplomacia secreta», etc.– no cuentan con una amplia difusión y con la mayor popularidad; si los obreros avanzados no están convencidos de la situación desesperada de las masas y asegurados del apoyo de los campesinos –apoyo demostrado por un importante movimiento campesino, o por una sublevación de gran envergadura, contra los propietarios y el gobierno que los defiende–; si la situación económica permite esperar realmente una solución favorable de la crisis, por medios pacíficos y por vía parlamentaria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Carta a los camaradas, 1917)

jueves, 14 de noviembre de 2019

Comorera hablando de la cuestión nacional...


«Cataluña, es, pues, una nación. Pero Cataluña, camaradas, no es una «comunidad de destino». El principio de Lenin: «dentro de cada nación moderna hay dos naciones», se adapta plenamente a Cataluña, como a cualquiera otra nación. Importa, compañeros, que meditemos y asimilemos este principio de Lenin. La incomprensión del principio de Lenin abre la puerta a todas las desviaciones nacionalistas pequeño burguesas, nos conduciría a un callejón en el cual nunca ha hallado ni hallaría solución nuestro problema nacional. En cada nación hay dos clases antagónicas, irreconciliables: la burguesía y el proletariado, los explotadores y los explotados. Hay, por tanto, dos naciones antagónicas irreconciliables. La burguesía se vale y se valdrá del problema nacional para resolver sus asuntos de clase, dispuesta siempre a aliarse con la burguesía imperialista en el momento preciso en que considere satisfecha su ambición de clase o en que vea en peligro sus intereses de clase por el desarrollo y la ofensiva del movimiento obrero. El proletariado, quiere resolver y resolverá definitivamente el problema nacional, pues no ignora que si se convirtiese en opresor de otros pueblos, volvería a ser oprimido nuevamente. La burguesía y el proletariado pueden y deben entenderse y luchar juntos contra un enemigo provisionalmente común, en un momento dado y por una cuestión nacional concreta. (...) Pero la burguesía y el proletariado no han de confundirse, no pueden confundirse nunca. Su destino no es común. El destino de la burguesía es desaparecer. El destino del proletariado es llegar a serlo todo para construir un mundo socialista, de igualdad, de libertad, de verdadera fraternidad entre todos los hombres y todos los pueblos» La tesis socialdemócrata del «destino común», de la «comunidad nacional», subordinando necesariamente los intereses de clase a las exigencias nacionales, induce a los trabajadores a la colaboración y la paz entre las clases, a la negación de la lucha de clases, conduce en su desarrollo lógico a la teoría racista reaccionaria, al fascismo». (Joan Comorera; Contra la guerra imperialista y por la liberación social y nacional de Cataluña, 1940)

lunes, 11 de noviembre de 2019

En el socialismo a diferencia del capitalismo, la cuestión nacional será resuelta de modo democrático, o sea, de acuerdo con la voluntad y las «simpatías» de la población


«Todos los indicios señalan que el imperialismo dejará en herencia al socialismo, su sucesor, fronteras menos democráticas, una serie de anexiones en Europa y otras partes del mundo. ¿Y qué? ¿El socialismo victorioso, restableciendo y aplicando a fondo la democracia plena en toda la línea, se negará a la determinación democrática de las fronteras del Estado? ¿No querrá tomar en cuenta «las simpatías» de la población? Basta formular estas preguntas para ver claramente cómo nuestros colegas polacos van rodando del marxismo al «economismo imperialista». Los viejos «economistas», trasformando el marxismo en una caricatura, enseñaban a los obreros que para los marxistas «sólo» es importante «lo económico». Los nuevos «economistas» piensan que el Estado democrático del socialismo victorioso existirá sin fronteras –una especie de «complejo de sensaciones» sin materia–, o bien que las fronteras serán determinadas «exclusivamente» de acuerdo con las necesidades de la producción. En realidad, estas fronteras serán determinadas de modo democrático, o sea, de acuerdo con la voluntad y las «simpatías» de la población. El capitalismo pisotea estas simpatías, y con eso añade nuevas dificultades a la causa de la amistad entre las naciones. El socialismo, al organizar la producción sin opresión de clase, al garantizar el bienestar de todos los miembros del Estado, da libertad plena a las «simpatías» de la población, y por consiguiente facilita y acelera enormemente la amistad y unión de las naciones. (...) Bajo el capitalismo no es posible suprimir la opresión nacional –ni la opresión política en general–. Para ello es imprescindible suprimir las clases, es decir, implantar el socialismo. Pero si bien el socialismo se basa en la economía, dista de resumirse en ella. Para eliminar la opresión nacional hace falta una base –la producción socialista–, pero sobre esta base son necesarios, además, la organización democrática del Estado, el ejército democrático, etc. Al trasformar el capitalismo en socialismo, el proletariado crea la posibilidad de eliminar totalmente la opresión nacional; esta posibilidad se convertirá en realidad «sólo» –¡«sólo»!– con la aplicación integral de la democracia en todas las esferas, incluyendo la determinación de las fronteras de acuerdo con las «simpatías» de la población, incluyendo la plena libertad de separación. Sobre esta base, a su vez, se desarrollará en la práctica la eliminación absoluta hasta de los menores rozamientos nacionales, de la más mínima desconfianza nacional, se acelerarán la amistad y la unión de las naciones, lo que culminará con la extinción del Estado. Esta es la teoría del marxismo, de la cual se apartaron equivocadamente nuestros camaradas polacos». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Balance de una discusión sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación, 1916)

viernes, 25 de octubre de 2019

Partido Comunista de Euskadi; Acta fundacional, 1935


«El Congreso constitutivo del Partido Comunista de Euskadi se ha celebrado a primeros de Junio en Vizcaya.

Hasta el momento presente, ha sido el Partido Comunista de España el único que con su programa de liberación nacional y social, ha luchado por el derecho de autodeterminación de las nacionalidades oprimidas, incluso hasta su separación del Estado Español. Consecuentes con esta política, la Internacional Comunista y el Partido Comunista de España, de acuerdo con los comunistas de Cataluña, procedieron a la constitución del Partido Comunista de Cataluña, que ha logrado ya serios éxitos en la lucha por la liberación nacional y social del pueblo catalán.

La constitución del Partido Comunista de Euskadi es, pues, la confirmación de la política de liberación nacional y social de nuestro Partido hermano de España y de la Internacional Comunista.

El Congreso Nacional del Partido Comunista de de Euskadi reconoce plenamente la existencia de la nacionalidad vasca, expresada en la comunidad de idioma, territorio, homogeneidad étnica, cultura y, sobre todo en la voluntad decidida de la mayoría del país, que lucha por sus derechos nacionales frente al imperialismo español que lo sojuzga en combinación con la burguesía vasca y los grandes propietarios de Euskadi.

La constitución de del Partido Comunista de Euskadi significa: impulsar grandemente la lucha revolucionaria por la liberación nacional, que constituye al mismo tiempo un factor decisivo para la liberación económica y social de las masas de nuestro país frente a la explotación de la propia burguesía nacional y del imperialismo español opresor del pueblo vasco.

domingo, 20 de octubre de 2019

¿Qué es el llamado derecho a la autodeterminación para los marxista-leninistas?


«Nuestro programa sobre la autodeterminación de las naciones sólo puede ser interpretado en el sentido de la autodeterminación política, es decir, el derecho a la separación y a la formación de un Estado de manera independiente. (…) El reconocimiento por el Partido Socialdemócrata del derecho de todas las nacionalidades a la autodeterminación requiere que los socialdemócratas (a) sean incondicionalmente hostiles al empleo de la fuerza, en cualquiera de sus formas, por parte de la nación dominante –o la nación que constituye la mayoría de la población– para con la nación que desee separarse políticamente; (b) exijan la solución del problema de tal separación sólo sobre la base del sufragio universal, igual, directo y secreto de la población del territorio correspondiente; (c) libren una lucha implacable, tanto contra los partidos centurionegristas octubristas como contra los liberales burgueses –«progresistas», kadetes, etc.– en todas las ocasiones en que ellos defiendan o permitan la opresión nacional, en general, o nieguen el derecho de las naciones a la autodeterminación en particular. 4. El reconocimiento por el partido socialdemócrata del derecho de todas las nacionalidades a la autodeterminación no significa en modo alguno que los socialdemócratas renuncien a una apreciación independiente de la conveniencia de la separación estatal de una u otra nación en cada caso concreto». (VladimirIlich Uliánov, Lenin; Tesis sobre el problema nacional, 1913)

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sábado, 31 de agosto de 2019

El nacionalismo, única ideología de ETA; PCE (m-l), 1987


«
Con la muerte de Txomin Iturbe Abasolo, considerado máximo dirigente de ETA (militar), se ha vuelto a poner de actualidad, por enésima vez, la especulación sobre las dos supuestas tendencias presentes en dicha organización: la nacionalista y la marxista-leninista.

La primera, a la que pertenecería el fallecido, estaría más inclinada al diálogo y a la negociación y en la segunda estarían los «más malos», los que sólo desearían seguir pegando tiros.

De entrada, el planteamiento es claramente manipulador al querer situar a los presuntos marxista-leninistas como fanáticos amigos del gatillo y de la goma-2 y, de paso, descalificar la ideología de la clase obrera.

Pero las cosas no son así. Por supuesto que en Euskadi Ta Askatasuna (ETA) puede haber diversos matices y tendencias; de hecho, su historial de escisiones así lo demuestra, pero decir que entre esas tendencias existe la marxista-leninista es francamente excesivo.

Está claro que desde su V Asamblea –diciembre de 1966-marzo de 1967– la organización fue haciéndose, de manera confusa y francamente mal digeridas, con algunas tesis marxistas y con un vocabulario tomado de prestado de las mismas.  Posteriormente, ya bajo la monarquía, tanto ETA como Herri Batasuna (HB) y sobre todo Herri Alderdi Sozialista Iraultzailea (HASI), han cultivado un discurso que, siendo básicamente nacionalista, aparece entreverado de posiciones y argumentaciones en las que se mezclan de manera oportunista tesis socialdemócratas y tesis marxistas.

Pero insistimos, las ideas, la actividad y los objetivos de ETA y de las diversas organizaciones del bloque KAS o de HB, nunca han superado los rígidos y estrechos límites del nacionalismo, de la ideología nacionalista que les une, como un cordón umbilical, a las fuerzas más tradicionales, clericales y reaccionarias de la gran burguesía vasca, léase el Partido Nacionalista Vasco (PNV).

miércoles, 7 de agosto de 2019

Sobre el nacionalismo en la política exterior y el peligro de degeneración...


«Pasemos al segundo peligro. Rasgo distintivo de este peligro es la falta de fe en la revolución proletaria internacional; la falta de fe en su victoria; el escepticismo respecto al movimiento de liberación nacional de las colonias y los países dependientes; la incomprensión de que, sin el apoyo del movimiento revolucionario de los otros países, nuestro país no podría mantenerse contra el imperialismo mundial; la incomprensión de que la victoria del socialismo en un solo país no puede ser definitiva, pues no puede estar a salvo de la intervención mientras la revolución no ha ya vencido en varios países, por lo menos; la in comprensión de ese requisito elemental del internacionalismo, en virtud del cual la victoria del socialismo en un so lo país no es un fin en sí, sino un medio para desarrollar y apoyar la revolución en los otros países. 

Esa es la vía del nacionalismo y la degeneración, una vía que conduce a la liquidación completa de la política internacionalista del proletariado, pues la gente atacada de esa enfermedad no ve en nuestro país una parte del todo que se llama movimiento revolucionario mundial, sino el principio y el fin de ese movimiento, considerando que los intereses de todos los demás países deben ser sacrificados a los intereses de nuestro país. ¿Apoyar el movimiento de liberación de China? ¿Para qué? ¿No será arriesgado? ¿No nos enemistará eso con otros países? ¿No será mejor establecer nuestras «esferas de influencia» en China conjunta mente con las otras potencias «avanzadas» y sacar algo de China en provecho propio? Eso sería ventajoso y no encerraría ningún peligro... ¿Apoyar el movimiento de liberación de Alemania? ¿Merece la pena arriesgarse? ¿No será mejor llegar a un acuerdo con la Entente acerca del tratado de Versalles y sacar algo a título de compensación?.. ¿Mantener la amistad con Persia, Turquía, Afganistán? ¿Merece la pena el juego? ¿No será mejor restablecer las «esferas de influencia» con alguna de las grandes potencias? Etc., etc. Tal es la «concepción» nacionalista de nuevo tipo, que trata de eliminar la política exterior de la Revolución de Octubre y que fomenta los elementos de degeneración. 

Si el origen del primer peligro, del peligro de liquidacionismo, es el fortalecimiento de la influencia burguesa sobre el Partido por el cauce de la política interior, por el cauce de la lucha entre los elementos capitalistas y los elementos socialistas de nuestra economía nacional, el origen del segundo peligro, del peligro de nacionalismo, debe verse en el fortalecimiento de la influencia burguesa sobre el Partido por el cauce de la política exterior, por el cauce de la lucha de los Estados capitalistas contra el Estado de la dictadura del proletariado. Difícilmente puede dudarse de que la presión de los Estados capitalistas sobre nuestro Estado es enorme, de que los hombres que trabajan en el dominio d e nuestra política exterior no siempre consiguen resistir esa presión, de que el peligro de complicaciones hace sugestiva a veces la vía de la menor resistencia, la vía del nacionalismo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Preguntas y respuestas, 1925)

martes, 18 de junio de 2019

El triunfalismo en los análisis y pronósticos del PCE (m-l); Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«No tememos indicar abiertamente los errores, las debilidades y las deficiencias en nuestras filas, porque somos un partido revolucionario que sabe que puede desarrollarse, crecer y cumplir con sus tareas a condición de renunciar a todo lo que obstaculiza su desarrollo como partido revolucionario. (...) Camaradas, nosotros eliminamos adrede del informe y de las resoluciones del congreso las frases altisonantes en cuanto a las perspectivas revolucionarias. Pero no porque tengamos razones menos optimistas que antes, para apreciar el ritmo de desarrollo revolucionario, sino porque queremos proteger a nuestros partidos de toda inclinación a sustituir la actividad bolchevique por frases revolucionarias o disputas estériles sobre valoración de la perspectiva. A la vez que llevamos a cabo una lucha decidida contra toda tentativa de basarse en la espontaneidad, consideramos y tenemos en cuenta el proceso de desarrollo de la revolución, no como observadores, sino como participantes activos en dicho proceso. Como somos un partido revolucionario, como cumplimos en cada etapa del movimiento las tareas de interés para la revolución y que corresponden a las condiciones concretas de la etapa dada, y tenemos clara noción del nivel político de las amplias masas trabajadoras, aceleramos de la mejor manera la creación de las premisas subjetivas necesarias para el triunfo de la revolución proletaria». (Georgi Dimitrov; Los actuales gobernantes de los países capitalistas son transitorios, el verdadero dueño del mundo es el proletariado; Discurso de clausura en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 20 de agosto de 1935)

Sin duda otro de los históricos grandes errores de los partidos comunistas fue el hecho de sobrestimar sus fuerzas, de alardear de éxitos que no son tales, o de pronosticar una crisis insalvable para el régimen que nunca llegaba a ocurrir.

Esto ya fue visto anteriormente con aquellos análisis que sobreestimaban la fuerza del partido y la adhesión de las masas a una línea revolucionaria. Véase el capítulo: «El PCE (m-l) y las acciones armadas del FRAP de 1973-1975».

Pero esta sobreestimación y triunfalismo, también se manifestaría en otras esferas como veremos ahora.

Todavía bajo un influjo del maoísmo y de cierta simpatía hacia el castro-guevarismo, se proclamaba en el artículo «Grandioso éxito de la tricontinental»:

«La Conferencia Tricontinental constituye un paso más amplio, profundo y cocnreto en a unidad combatiente contra el imperialismo yanqui. Antecedentes de esta, son la Coferencia de Bandung en 1955 y la del Cairo en 1958. (…) De la composición de gran parte de las delegaciones habían sido excluidas organizaciones revolucionarias». (Vanguardia Obrera; Nº10, 1966)

En los primeros años, en base al bajo nivel ideológico de sus líderes… el PCE (m-l) creía que las organizaciones de todo signo político podían ser una punta de lanza efectiva contra el imperialismo y el socialimperialismo, incluso llega a citar a las primers conferencias del Movimiento de los Países No Alineados como precedentes de lo que se presupone es un movimiento antiimperialista mundial. ¿Cuál era la realidad?:

«En abril de 1955 se reunieron en Bandung en Indonesia, la Conferencia de solidaridad afroasiática que reagrupaba en un inicio a los jefes de Gobierno de 29 países asiáticos y africanos: Nehru, Chou En-lai, Nasser, Sukarno y Tito, cogiéndose de la mano, pusieron las bases del «no alineamiento». China, India, Pakistan, Indonesia y Argelia formaban parte de los pilares fuertes de esta conferencia que prefiguraba las ideas tercermundistas que los revisionistas chinos abiertamente desarrollarían en los años 70, ya cuando se ilustrarían las ambiciones de los pseudocomunistas chinos que procuraban desempeñar un papel de primer plano en el seno de los «no alineados» que representaban una buena parte del «segundo mundo». (…) Como ejemplo de esta denuncia véase por ejemplo la obra de Enver Hoxha: «La política del «no alineamiento», una política construida sobre un castillo de arena» de 1980; la obra de Enver Hoxha: «El imperialismo y la revolución» de 1978; o la obra de Llambro Filo‬: «La «vía no capitalista de desarrollo» y la «orientación socialista», «teorías» que sabotean la revolución y abren las vías a la expansión neocolonialista» de 1985». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Todavía hay personas que mantienen que en aquellos años los países miembros del Movimiento de los Países No Alineados como la India de Nehru, el Egipto de Mubarak, la Arabia Saudí de Faisal, la Chile de Pinochet, la Cuba de Fidel Castro o el Zaire de Mobutu; países maniatados de pies y manos por el imperialismo y el socialimperialismo, ¡eran las fuerzas motrices del antiimperialismo de aquellos años!

Por suerte, el PCE (m-l) rectificaría rápido sobre tales ilusiones, y en los 70 hubo una crítica frontal a estos planteamientos por razones muy obvias:

«Así pues, camaradas, no aceptamos la teoría de los «tres mundos», igual que nos oponemos a las de «no alineados», porque estas denominaciones y teorías, borran el aspecto principal de la lucha de clases como motor de la historia». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

Estos movimientos y teorías todavía siguen vigentes:

«Entonces, se comprende, que cuando países capitalistas-imperialistas hablaban de los países a los que maniataban económicamente de la búsqueda de un «nuevo orden económico», lo hacían para tranquilizar a los pueblos de estos países cansados de su explotación en beneficio de las camarillas locales y los países del extranjero, del mismo modo que cuando estos países capitalistas dependientes de las grandes potencias imperialistas declaraban y abogaban por efectivamente un «nuevo orden económico», se entiende que se referían, a que o bien exigían que los imperialismos que aflojaran el nudo que les subyugaba pidiendo un mejor reparto de los mercados o más ayudas económicas, bien adoptaban esta postura de cara al pueblo para calmar los ánimos de las masas trabajadoras y posar como antiimperialistas que buscaban soluciones a su crisis económica interna, o simplemente lanzaban tal consigna como representantes burgueses de un país capitalista en alza que buscaba convertirse en potencia y directora del dichoso nuevo orden económico en su región o a nivel mundial. Pero este eslogan era falso, que como los marxistas saben, el único «nuevo orden económico» posible que dará solución a los problemas intrínsecos del capitalismo es el sistema económico socialista». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo coreano: desde sus raíces maoístas hasta la institucionalización del «pensamiento Juche», 2015)

En su momento, el propio PCE (m-l) denunciaba que:

«El izquierdismo se manifiesta además, entre otros aspectos, a través de la fraseología revolucionaria y de su reiterativa utilización, que no es sino una exageración verbal con el fin de ocultar una incomprensión y una mala asimilación del proceso revolucionario». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

¿Pero evitó esto que advertía con tanta vehemencia? Para nada:

«Con el alto porcentaje de votos del pueblo a favor de las candidaturas con etiquetas de izquierda y a favor de las candidaturas republicanas encabezadas por nuestro partido, con una derrota política, por tanto, de las fuerzas monárquicas, se cierra la fase constitucional de la maniobra continuista. Lógicamente debería haber salido fortalecida de este gran esfuerzo de mimetismo parlamentario y democratizante. No ha sido así, sin embargo, todo lo contrario». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

En un documento histórico desconcertante como este, aquí el PCE (m-l) afirmaba que la monarquía y la reacción en general, no salían fortalecidas tras las elecciones generales del 1 de marzo de 1979 y las municipales del 3 de abril de 1979. ¿En que se basaban? No lo sabemos y sinceramente es una conclusión ridícula donde las haya. 

La Unión de Centro Democrático (UCD) de Suarez obtuvo 6.268.593 votos lo que equivalía a un 34,84%, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Felipe González unos 5.469.813 votos que equivalía a un 30,40%, el Partido Comunista de España (PCE) de Santiago Carrillo obtuvo 1.938.487 un 10,77% y Coalición Democrática (CD) de Manuel Fraga 1.088.578 un 6,05%.

En la sección de «otros partidos», se registra a una serie de partidos secundarios en cuanto a votos que entre todos ellos obtuvieron 1.962.990, un 10,93%; aquí se contaban partidos fascistas, nacionalistas, maoístas y también al propio PCE (m-l). La Unión Nacional (UN) de Blas Piñar con 378.964 votos, con el 2,11%. El Partido Nacionalista Vasco (PNV) de Xabier Arzalluz obtuvo 296.597 votos con un 1,65%. Herri Batasuna (HB) de Francisco Letamendia 172.110 votos, un 0,96%. Convergencia i Unió (CIU) de Jordi Pujol obtuvo 483.353 votos, un 2,69%. El Partido del Trabajo de España (PTE) con 192.798 votos, el 1,07%. La Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT) con 127.517 votos, el 0,71%. Y podríamos seguir.

Entre las candidaturas del PCE (m-l) de coalición bajo Izquierda Republicana (IR), ¡que tan solo obtuvieron 55.000 votos en las generales de marzo de 1979! ¡¡¿Dónde está el triunfo si más del 90% del electorado votó a favor de grupos que habían aceptado la monarquía, la colaboración y la reconciliación nacional como la UCD, el PSOE, el PCE, la CD, CIU, el PNV, la UN, el PTE, la ORT etc.?!!

jueves, 6 de junio de 2019

El seguidismo del PCE (m-l) a las políticas de la «Revolución Cultural» de los revisionistas chinos; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Uno de los grandes mitos para los revolucionarios de los años sesenta fue lo relativo al: «Seguidismo a la Revolución Cultural», ya comentado sobre otros grupos.

Léase por ejemplo el suplemento de la revista Revolución Española llamado Cuadernos marxista-leninista Nº5 titulado «La decisiva importancia para todos los pueblos del mundo de la Gran Revolución proletaria en China» de 1971, allí el PCE (m-l) mostraría que no se diferenciaba en nada a otros grupos maoístas españoles o del exterior en cuanto a la evaluación de dichos eventos. A ejemplo véase en otra de sus publicaciones los epítetos clásicos de aquella época que podrían firmar cualquier partido prochino:

«Gracias a la Gran Revolución Cultural Proletaria dirigida por el Camarada Mao Zedong, el pueblo chino ha sido movilizado y China Popular se ha convertido en el bastión rojo de la revolución mundial. Por tanto, la Gran Revolución Cultural proletaria es, para los pueblos del mundo, una fuente inagotable de enseñanzas y de estímulo revolucionario, y es un ejemplo irrefutable de cómo aislar y derrotar a los grupos revisionistas contrarrevolucionarios a través de la movilización audaz de las masas sobre la base del Pensamiento Mao Zedong». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Mensaje de felicitación del Comité Ejecutivo del PCE (m-l) al Presidente Mao Zedong con ocasión del Noveno Congreso del PC de China, 5 de Abril 1969)

Se rectificaría en 1979:

«A la vista de lo sucedido en aquel vasto movimiento dirigido personalmente por Mao, se puede afirmar que fue un movimiento esencialmente anticomunista y contra el proletariado. Algunos de nosotros presenciamos personalmente estos hechos que confirman lo anterior. Aquel movimiento, bajo la dirección de Mao –insistimos en esto– estaba encabezado por los estudiantes y el ejército, y no como hubiera sido lógico por los comunistas y la clase obrera, pese a que añadían la coletilla «proletaria». Esa «revolución», que hubiera sido justa de haber estado encaminada a combatir las tendencias revisionistas y a los elementos burgueses, como ellos mismos decían en su propaganda, disolvió las organizaciones del partido, los comités, las células, la organización de la juventud, la sindical, etc., y en su lugar surgieron los comités de los «guardias rojos», compuestos, casi exclusivamente por estudiantes y militares. Amparándose en aquel movimiento, distintas camarillas se ajustaron las cuentas entre sí, fue eliminado el revisionista Liu Shao-chi, el siniestro Deng Xiaoping y otros, que luego han sido rehabilitados, incluso en vida de Mao, como ha sido el caso de Deng. Fue un movimiento típicamente anarquista que sólo benefició a la burguesía». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

Sobre este fenómeno ya dijimos:

lunes, 3 de junio de 2019

La mecánica adopción inicial de la «Guerra Popular Prolongada» (GPP) en el PCE (m-l) como método militar de toma de poder; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Muchas de las organizaciones bajo influencia maoístas de la época esgrimían entre sus estatutos, manifiestos, panfletos y debates, la cuestión de adoptar como vía militar de toma de poder la teoría maoísta de la Guerra Popular Prolongada (GPP). Recomendamos consultar nuestro análisis sobre el PCE (r)/GRAPO y sus desviaciones: «Adopción de la Guerra Popular Prolongada (GPP) como método de toma de poder» de 2017.

El PCE (m-l) lamentablemente no fue una excepción, al menos en un inicio. Un ex militante diría:

«Al principio el PCE (m-l) fue una copia mimética de las propuestas chinas, inclusive, dado que los chinos consiguieron el poder a través de una guerra popular de carácter prolongado, el PCE (m-l) en su programa mantenía que España para liberarse y traer la democracia tenía que tener una guerra popular de carácter prolongado». (Entrevista a Pepe Avilés, ex militante del FRAP, 2016)

Esto no es ninguna exageración por mucho que algunos quieran ocultarlo por una u otras razones:

«Del seno de estas luchas de masas, y al calor de las mismas, se irá iniciando la lucha armada, que podrá tomar cuerpo primero en las zonas rurales apartadas, por ser éstas las que más pronto escaparán al control de la oligarquía proimperialista. Sólo a través de la lucha armada en el campo le será posible a las fuerzas revolucionarias acumularse, fortalecerse, aguerrirse, ir logrando victorias parciales sobre el enemigo hasta derrocarlo, y, con el apoyo de la insurrección general armada de todo el pueblo, liderar al país del yugo de la oligarquía yanqui-franquista y establecer un poder popular». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Línea Política del PCE (m-l), 1967)

Esta desviación se ve corregida en parte en ciertos documentos de 1973, en ellos suprime la idea de que el campo es el activo decisivo de las luchas:

«La lucha armada no puede surgir ni desarrollarse aislada de la lucha de masas, sino sólo en estrecho contacto con el movimiento obrero y campesino de masas. De las formas iniciales –huelgas, manifestaciones–, hay que ir pasando gradualmente –y la evolución espontánea de la lucha confirma esta trayectoria–, a formas superiores de combate: refriegas violentas con las fuerzas de la dictadura, asaltos, motines, etc. Para ello es necesaria la creación de grupos de combate y autodefensa, tanto en la ciudad como en el campo, núcleos del futuro ejército popular». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Línea política y programa, 1973)

Y ya en 1975 se rechazaba el concepto metafísico de que debía de ser sí o sí una lucha prolongada, predicción absurda que se decretaba antes incluso de iniciarse cualquier mínimo conflicto militar o de estudiar las características del país:

«Que esta guerra popular sea más o menos prolongada dependerá de toda una serie de factores objetivos y subjetivos, uno de los más importantes es, sin duda, la decisión de lucha del pueblo». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Sobre las situaciones revolucionarias, la lucha armada y la guerra popular, 1975)

Como hemos publicado en nuestro medio, la táctica militar de los chinos fue ampliamente criticada por Stalin: ante los yugoslavos en 1945, ante los indios en 1951, ante los indonesios en 1951, haciendo hincapié en las posibles consecuencias de adoptar dicha errónea estrategia. Véase «Stalin a los comunistas indonesios la vía china en la cuestión militar». Obviamente estos documentos no eran muy conocidos en los años de inicio del PCE (m-l), incluso en la actualidad son desconocidos para la mayoría. Vale decir que las críticas que Enver Hoxha y los albaneses realizaron a la GPP son una continuación de las críticas realizadas por Stalin en su momento.

Hemos desglosado varias veces las limitaciones de la GPP, por lo que no vemos necesario extendernos mucho más». (Equipo de Bitácora (M-L); Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2019)

viernes, 31 de mayo de 2019

El dogmatismo metafísico no concibe la posibilidad de que la burguesía transite del fascismo a la democracia burguesa; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Es claro que en el Partido Comunista de España (marxista-leninista) hubo un error de análisis en los años finales del franquismo en cuanto a la evolución política de entonces:

«Nosotros partimos del principio de que una dictadura no puede transformarse desde dentro en una democracia burguesa». (Elena Ódena; Entrevista realizada para «Interviú» por el periodista José Dalmau, 17 de febrero de 1977)

Era un dogmatismo basado en análisis metafísicos que negaban la posibilidad de que la burguesía se reciclase del fascismo a la democracia burguesa. ¿Pero de qué contexto sacaron dichas conclusiones?

domingo, 12 de mayo de 2019

Los «mencheviques sarnosos», la fracción que desangró al PCE (m-l) en 1981; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Seguramente la facción que más daño hizo al PCE (m-l) fue la fracción de 1981.

Lorenzo Peña, quien desertó del PCE (m-l) en 1972 –y que en la actualidad es un abierto socialdemócrata–, en su obra donde pretende analizar la deriva del PCE (m-l) y su experiencia personal en él, analizaría la expulsión de la fracción de 1981 –aunque para entonces hacía más de una década que ya no estaba dentro de la organización–. Allí diría sobre los presuntos objetivos de la fracción de 1981 en un tono favorable y condescendiente que no pudo disimular:

«La crisis estalla en el pleno del comité central del sábado 31 de enero de 1981, que continuó todo ese fin de semana. La dirección presenta un informe denunciando una campaña de rumores de los disidentes. En esa reunión vienen expulsados 17 miembros del comité central –de un total de 50–. Se los tilda de «mencheviques sarnosos». Los expulsados forman un «PCEml auténtico», que publica «La Causa» –del cual, creo, sólo salió un número–. Arrastran a la mayoría de las organizaciones de Levante y Aragón y una parte de las de Madrid y Cataluña.

Tres semanas después de esa escisión tiene lugar el fallido golpe de Estado militar, siendo Valencia tomada por los tanques. Ese acontecimiento sin duda influyó también en la evolución de esa embrionaria formación, que se deshace en seguida por disensiones internas. En el mes de julio se producen abandonos en Madrid, con ocasión de la asamblea provincial, creándose la Montaña de La Causa, escisión dentro de la escisión. Al llegar el otoño se va disgregando esa organización, que no cumplirá un año de existencia. Sus protagonistas evolucionan con celeridad para integrarse en seguida en la clase política de la monarquía. Sin duda pensaban que, agotada la vía revolucionaria, había que optar por el posibilismo. Hemos visto más arriba que tal evolución ya estaba, de algún modo, prefigurada en sus posiciones cuando aún militaban en el PCEml». (Lorenzo Peña; Amarga juventud: Un ensayo de egohistoria, 2010)

Desde la historia oficial del PCE (m-l) dice:

«La lucha de clases se agudizó en el seno del partido en aquellos momentos. La presión y las dificultades incidieron fundamentalmente en elementos con marcadas características arribistas e individualistas y en elementos ideológicamente débiles, incapaces de enfrentarse consecuentemente a los problemas. Estos elementos, en parte, cayeron en el pesimismo y en el abandono y en parte en el aventurerismo político y en la búsqueda de salidas fáciles». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IVº Congreso del PCE (m-l), 1984)

El destino de algunos de ellos es de sobra conocido.

Rafael Blasco Castany, alias Víctor Roig, era uno de los jefes más importantes del PCE (m-l), al incorporarse al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) gracias a la influencia de su hermano, es salpicado por casos de corrupción, aunque sale airoso, en 1994 se acerca al Partido Popular (PP) confirmando aún más su bajeza ideológica, y desde 2014 ha sido condenado por el Tribunal Superior de Justicia de Valencia por corrupción en el Caso de la cooperación.  Tanto Vicente Pérez Plaza, alias Venancio Vega, autor habitual en «Vanguardia Obrera» hasta su abandono del PCE (m-l), también acabaría sus días en el PSOE de Felipe González tras fracasar la experiencia del PCE (m-l) paralelo y disidente de 1981. José Gares Crespo, alias Pablo y Cárcer, fue otro cuadro importante, pues fue un cuadro que procedía del Movimiento Comunista de España (MCE) y había ingresado junto con su fracción disidente en el PCE (m-l) en 1973, teniendo cierta relevancia, ya que se le ve en las fotos de 1978 cuando el partido solicitó formalmente ser legalizado, pero a inicios de los 80 decidiría ingresar probar fortuna con el socialdemocratismo del PSOE. 

Ojo, esto no quiere decir que los que se quedan de por vida en los partidos comunistas son menos revisionistas o menos reaccionarios, de hecho el propio Raúl Marco y su comparsa, pese a quedarse en el PCE (m-l) durante 1981-1991, se destaparía como un elemento igual de dañino que estos cabecillas oportunistas y lograría conseguir lo que estos no consiguieron, destruir al partido legando un PCE (m-l) desnaturalizado al que solo le faltaba el acta de defunción en 1992. Existen muchos elementos que por cuestiones económicas, de apariencia y demás, permanecen toda su vida en el mismo partido revisionista o en ese partido antaño comunista que ellos han hecho degenerar. Algunos tienen una capacidad extraordinaria de fundar un nuevo chiringuito con el que continuar su farsa, precisamente valiéndose del prestigio de unas siglas ya mancilladas y de la inocencia de muchos comunistas tan honrados como necios.

Ni siquiera hace falta ver las cosas «a toro pasado» para darse cuenta de la catadura de este grupo de 1981. Con ver los planteamientos de dicho grupo disidente en sus medios de expresión de 1981-82, nos percataremos rápido de que no eran precisamente los «salvadores de la pureza revolucionaria del partido», sino un grupo oportunista, de tantos que surgen.

jueves, 2 de mayo de 2019

Replanteamientos, remodelaciones y choques internos de 1978-79; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Durante 1978 en el PCE (m-l) se dieron diversos choques internos sobre la necesidad o no de ajustar el partido a las nuevas circunstancias del postfranquismo, así mismo la cuestión del maoísmo y su crítica tuvo, aunque en menor medida, un efecto interno.

El partido no reconocía oficialmente que el fascismo hubiese dejado de ser la forma de dominación de la burguesía –un error que le seguiría acarreando diversos problemas–, pero reconocía que había habido una cierta apertura y que, en consecuencia, algunas cuestiones debían adaptarse. Por otro lado, el partido estaba enfrascado en una lucha ideológica internacional, entrando a desenmascarar definitivamente al maoísmo como veremos en otro capítulo. Unas cosas y otras llevaron al partido a un leve debate interno y a la salida de algunos elementos, aunque esta vez, sin demasiado ruido ni excesivas consecuencias negativas.

«Si bien la lucha contra el derechismo en todas sus formas –el revisionismo moderno, el euro revisionismo, el oportunismo liquidacionista– en el seno del partido y más recientemente el revisionismo basado en la teoría de los «tres mundos» y en el llamado «Pensamiento Mao Zedong». (...) Siguen siendo para nosotros el enemigo principal en el plano ideológico y político, tanto a escala nacional como internacional, no obstante, se pone cada día de manifiesto la necesidad de combatir y aislar las tendencias sectarias y de izquierda que se vienen manifestando en algunos camaradas y organizaciones del partido». (Elena Ódena; Algunas tendencias en el partido que obstaculizan nuestra política de unidad, 1978)

Por ello se fustigó a aquellos que en medio de la polémica contra el maoísmo tenían:

«La tendencia a desentenderse de las luchas ideológicas y políticas que vive el conjunto del partido». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

a) La importancia de implementar un método y estilo de trabajo correcto

Ya en el IIº Congreso del PCE (m-l) la dirección advirtió que se venía arrastrado una incomprensión de la relación entre la línea política y el estilo de trabajo:

«El estilo de trabajo, si bien de manera general es secundario en relación con la línea y la política a aplicar y con los principios y la ideología, constituye no obstante un reflejo inequívoco de la actitud ideológica y política del militante y del comité del partido ante las tareas y la política del momento. Por ello no es posible librar una batalla ideológica sobre cuestiones de principio y políticas, sin al mismo tiempo, preocuparse porque prevalezca un estilo en el trabajo verdaderamente comunista. No es dialéctico separar en la lucha ideológica las cuestiones de método y estilo, de las ideológicas y políticas. Ocurre a veces que incluso manteniendo en abstracto una política y unos principios correctos, se aplica un método y un estilo de trabajo que falsea o tergiversa esa misma política y principios. Se trata de no olvidar en ningún momento la acción que dialécticamente lo secundario ejerce sobre lo fundamental». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

Esta advertencia tiene su eco en la historia. Ha habido grandes comunistas que nunca han dado todo su potencial o que se han echado a perder, porque pese a sus acciones de buena fe, no adquirieron nunca un verdadero método y estilo de trabajo comunista. La disciplina, el cumplimiento de los plazos en las tareas, el control desde arriba y desde abajo, son parte fundamental para que el individuo y el colectivo funcionen con la precisión de un reloj suizo.

En el IIIº Congreso del PCE (m-l) de 1979, como veremos en este capítulo, se criticarían especialmente varios defectos considerados como desviaciones de «izquierda», pero también algunas de carácter liberal y por tanto «derechista». Se registró y criticó la actitud de algunos militantes a:

«No cumplir las tareas encomendadas, se manifiesta concretamente en preocuparse únicamente de lo que afecta a uno personalmente, en poner en primer plano las opiniones personales cuando el partido ha analizado y señalado una tarea, actuando, no de acuerdo con las orientaciones del partido, sino con las opiniones personales; en aparentar que se hacen muchas cosas cuando es lo contrario, es decir, escurriendo el bulto: tratar de evitar las críticas mediante los más diversos subterfugios y, en general tratar de salvar las apariencias. Esta tendencia oculta la negligencia en el trabajo y el estudio, la incapacidad o el desprecio hacia toda actitud crítica, la carencia de espíritu de partido, y es una forma encubierta de liberalismo, de arribismo y también de burocratismo». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

sábado, 13 de abril de 2019

Recordando la crítica del PCE (m-l) en 1981 a las acciones de ETA


«El problema de fondo hoy en España es la ausencia de democracia real, para el pueblo, y la acumulación y organización de fuerzas orientadas hacia la consecución de este objetivo. (…) Es evidente que las últimas acciones armadas de ETA, muy particularmente, no van en esta dirección y contienen una alta dosis de aventurismo típicamente pequeño burgués. Aunque el radicalismo pequeño burgués pueda encontrar fácil justificación a sus acciones en el indudable carácter reaccionario y hasta canallesco del régimen, el camino de la revolución tiene sus ineludibles exigencias y los últimos atentados de la citada organización nacionalista, entrecruzados además con los del policiaco GRAPO están instigando objetivamente las aspiraciones golpistas del ejército, están sirviendo en bandeja la coartada para toda una serie de medidas y leyes de carácter fascista dirigidas contra el conjunto de la clase obrera y el pueblo y posibilitando la recuperación coyuntural y demagógica de la monarquía y el colaboracionismo, están facilitando la movilización del poder de sectores atrasados y están poniendo, mediante la confusión que  producen diversas trabas al proceso de unidad popular y antifascista. (…) El objetivo de la lucha revolucionaria hoy es ampliar, mediante la unidad y la lucha las pocas y recortadísimas cuotas de libertades conseguidas, lucha que de dirigirse, en las actuales circunstancias, muy fundamentalmente a la acumulación y organización de fuerzas para la revolución y no al desgaste, dispersión y confusión de las mismas. (…) Avanzar y atacar al enemigo en función del nivel de esa acumulación y organización revolucionaria y en función del estado de ánimo y nivel de comprensión de las masas, sin pretender forzar, mediante el aventurismo o el terror individual o grupo, ese avance, al precio de dificultarlo y de facilitar al enemigo todo tipo de engañosas justificaciones para sus brutalidades». (M. Serrada; Terrorismo, manipulación y demagogia; Publicado en «Vanguardia Obrera», Nº 362, 1981)

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