
«No tememos indicar abiertamente los errores, las debilidades y las deficiencias en nuestras filas, porque somos un partido revolucionario que sabe que puede desarrollarse, crecer y cumplir con sus tareas a condición de renunciar a todo lo que obstaculiza su desarrollo como partido revolucionario. (...) Camaradas, nosotros eliminamos adrede del informe y de las resoluciones del congreso las frases altisonantes en cuanto a las perspectivas revolucionarias. Pero no porque tengamos razones menos optimistas que antes, para apreciar el ritmo de desarrollo revolucionario, sino porque queremos proteger a nuestros partidos de toda inclinación a sustituir la actividad bolchevique por frases revolucionarias o disputas estériles sobre valoración de la perspectiva. A la vez que llevamos a cabo una lucha decidida contra toda tentativa de basarse en la espontaneidad, consideramos y tenemos en cuenta el proceso de desarrollo de la revolución, no como observadores, sino como participantes activos en dicho proceso. Como somos un partido revolucionario, como cumplimos en cada etapa del movimiento las tareas de interés para la revolución y que corresponden a las condiciones concretas de la etapa dada, y tenemos clara noción del nivel político de las amplias masas trabajadoras, aceleramos de la mejor manera la creación de las premisas subjetivas necesarias para el triunfo de la revolución proletaria». (Georgi Dimitrov; Los actuales gobernantes de los países capitalistas son transitorios, el verdadero dueño del mundo es el proletariado; Discurso de clausura en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 20 de agosto de 1935)
Sin duda otro de los históricos grandes errores de los partidos comunistas fue el hecho de sobrestimar sus fuerzas, de alardear de éxitos que no son tales, o de pronosticar una crisis insalvable para el régimen que nunca llegaba a ocurrir.
Pero esta sobreestimación y triunfalismo, también se manifestaría en otras esferas como veremos ahora.
Todavía bajo un influjo del maoísmo y de cierta simpatía hacia el castro-guevarismo, se proclamaba en el artículo «Grandioso éxito de la tricontinental»:
«La Conferencia Tricontinental constituye un paso más amplio, profundo y cocnreto en a unidad combatiente contra el imperialismo yanqui. Antecedentes de esta, son la Coferencia de Bandung en 1955 y la del Cairo en 1958. (…) De la composición de gran parte de las delegaciones habían sido excluidas organizaciones revolucionarias». (Vanguardia Obrera; Nº10, 1966)
En los primeros años, en base al bajo nivel ideológico de sus líderes… el PCE (m-l) creía que las organizaciones de todo signo político podían ser una punta de lanza efectiva contra el imperialismo y el socialimperialismo, incluso llega a citar a las primers conferencias del Movimiento de los Países No Alineados como precedentes de lo que se presupone es un movimiento antiimperialista mundial. ¿Cuál era la realidad?:
«En abril de 1955 se reunieron en Bandung en Indonesia, la Conferencia de solidaridad afroasiática que reagrupaba en un inicio a los jefes de Gobierno de 29 países asiáticos y africanos: Nehru, Chou En-lai, Nasser, Sukarno y Tito, cogiéndose de la mano, pusieron las bases del «no alineamiento». China, India, Pakistan, Indonesia y Argelia formaban parte de los pilares fuertes de esta conferencia que prefiguraba las ideas tercermundistas que los revisionistas chinos abiertamente desarrollarían en los años 70, ya cuando se ilustrarían las ambiciones de los pseudocomunistas chinos que procuraban desempeñar un papel de primer plano en el seno de los «no alineados» que representaban una buena parte del «segundo mundo». (…) Como ejemplo de esta denuncia véase por ejemplo la obra de Enver Hoxha: «La política del «no alineamiento», una política construida sobre un castillo de arena» de 1980; la obra de Enver Hoxha: «El imperialismo y la revolución» de 1978; o la obra de Llambro Filo: «La «vía no capitalista de desarrollo» y la «orientación socialista», «teorías» que sabotean la revolución y abren las vías a la expansión neocolonialista» de 1985». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)
Todavía hay personas que mantienen que en aquellos años los países miembros del Movimiento de los Países No Alineados como la India de Nehru, el Egipto de Mubarak, la Arabia Saudí de Faisal, la Chile de Pinochet, la Cuba de Fidel Castro o el Zaire de Mobutu; países maniatados de pies y manos por el imperialismo y el socialimperialismo, ¡eran las fuerzas motrices del antiimperialismo de aquellos años!
Por suerte, el PCE (m-l) rectificaría rápido sobre tales ilusiones, y en los 70 hubo una crítica frontal a estos planteamientos por razones muy obvias:
«Así pues, camaradas, no aceptamos la teoría de los «tres mundos», igual que nos oponemos a las de «no alineados», porque estas denominaciones y teorías, borran el aspecto principal de la lucha de clases como motor de la historia». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)
Estos movimientos y teorías todavía siguen vigentes:
«Entonces, se comprende, que cuando países capitalistas-imperialistas hablaban de los países a los que maniataban económicamente de la búsqueda de un «nuevo orden económico», lo hacían para tranquilizar a los pueblos de estos países cansados de su explotación en beneficio de las camarillas locales y los países del extranjero, del mismo modo que cuando estos países capitalistas dependientes de las grandes potencias imperialistas declaraban y abogaban por efectivamente un «nuevo orden económico», se entiende que se referían, a que o bien exigían que los imperialismos que aflojaran el nudo que les subyugaba pidiendo un mejor reparto de los mercados o más ayudas económicas, bien adoptaban esta postura de cara al pueblo para calmar los ánimos de las masas trabajadoras y posar como antiimperialistas que buscaban soluciones a su crisis económica interna, o simplemente lanzaban tal consigna como representantes burgueses de un país capitalista en alza que buscaba convertirse en potencia y directora del dichoso nuevo orden económico en su región o a nivel mundial. Pero este eslogan era falso, que como los marxistas saben, el único «nuevo orden económico» posible que dará solución a los problemas intrínsecos del capitalismo es el sistema económico socialista». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo coreano: desde sus raíces maoístas hasta la institucionalización del «pensamiento Juche», 2015)
En su momento, el propio PCE (m-l) denunciaba que:
«El izquierdismo se manifiesta además, entre otros aspectos, a través de la fraseología revolucionaria y de su reiterativa utilización, que no es sino una exageración verbal con el fin de ocultar una incomprensión y una mala asimilación del proceso revolucionario». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)
¿Pero evitó esto que advertía con tanta vehemencia? Para nada:
«Con el alto porcentaje de votos del pueblo a favor de las candidaturas con etiquetas de izquierda y a favor de las candidaturas republicanas encabezadas por nuestro partido, con una derrota política, por tanto, de las fuerzas monárquicas, se cierra la fase constitucional de la maniobra continuista. Lógicamente debería haber salido fortalecida de este gran esfuerzo de mimetismo parlamentario y democratizante. No ha sido así, sin embargo, todo lo contrario». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)
En un documento histórico desconcertante como este, aquí el PCE (m-l) afirmaba que la monarquía y la reacción en general, no salían fortalecidas tras las elecciones generales del 1 de marzo de 1979 y las municipales del 3 de abril de 1979. ¿En que se basaban? No lo sabemos y sinceramente es una conclusión ridícula donde las haya.
La Unión de Centro Democrático (UCD) de Suarez obtuvo 6.268.593 votos lo que equivalía a un 34,84%, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Felipe González unos 5.469.813 votos que equivalía a un 30,40%, el Partido Comunista de España (PCE) de Santiago Carrillo obtuvo 1.938.487 un 10,77% y Coalición Democrática (CD) de Manuel Fraga 1.088.578 un 6,05%.
En la sección de «otros partidos», se registra a una serie de partidos secundarios en cuanto a votos que entre todos ellos obtuvieron 1.962.990, un 10,93%; aquí se contaban partidos fascistas, nacionalistas, maoístas y también al propio PCE (m-l). La Unión Nacional (UN) de Blas Piñar con 378.964 votos, con el 2,11%. El Partido Nacionalista Vasco (PNV) de Xabier Arzalluz obtuvo 296.597 votos con un 1,65%. Herri Batasuna (HB) de Francisco Letamendia 172.110 votos, un 0,96%. Convergencia i Unió (CIU) de Jordi Pujol obtuvo 483.353 votos, un 2,69%. El Partido del Trabajo de España (PTE) con 192.798 votos, el 1,07%. La Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT) con 127.517 votos, el 0,71%. Y podríamos seguir.
Entre las candidaturas del PCE (m-l) de coalición bajo Izquierda Republicana (IR), ¡que tan solo obtuvieron 55.000 votos en las generales de marzo de 1979! ¡¡¿Dónde está el triunfo si más del 90% del electorado votó a favor de grupos que habían aceptado la monarquía, la colaboración y la reconciliación nacional como la UCD, el PSOE, el PCE, la CD, CIU, el PNV, la UN, el PTE, la ORT etc.?!!